Dicen que los proyectos siempre tienen un punto de partida, una chispa que los convierte en reales, este proyecto arranca del sonido de unas campanas, de una búsqueda constante, de temer salir volando y de disfrutar cuando lo haces, de intentar no formar parte del bostezo universal, de usar la máscara sólo para bailar, de encontrar lugares que no aparecen en los mapas, de deshacer las noches poco a poco.

Nace de hacer equilibrismos con los ojos tapados, de subir escaleras de una sola dirección, de eternas casualidades, de desnudar en los atardeceres el ruido y de noches que dejan descolocadas a las mañanas.

Nace de silencios ensordecedores, de ese olor a tomate de las tardes de verano, de nuevas vidas con fecha de caducidad, de esos lugares de los que te vas yendo poco a poco.

A veces, no se regresa del todo.

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